Due Diligence Operacional – Fusiones o adquisiciones sin sorpresas

Un negocio complicado con muchísimas variables

Cuando una empresa se embarca en un proceso, siempre complicado, de fusión o adquisición, puede hacerlo con los propósitos más variados. Aumentar la cuota de mercado, poner pie en otro mercado que aparenta ser prometedor, diversificar riesgos, aprovechar sinergias, conseguir masa crítica, levantar barreras de entrada, etc.

 

En el trasfondo (y a veces, muy en el fondo) siempre yace la idea de mejorar la rentabilidad (o mantenerla) en el medio o largo plazo. Y esto suele ser suficiente para convencer a los accionistas de las bondades de la operación.

Pero no todas las fusiones o adquisiciones dan el resultado esperado. Un proceso con tantas variables suele esconder sorpresas, muchas veces desagradables.

El mundo de los negocios está lleno de historias de fracasos, despilfarros o situaciones insostenibles que han despertado la cautela de los gestores a la hora de planificar una operación de este tipo.

Es que, si bien, las operaciones de fusión o adquisición tienen un cometido eminentemente estratégico, las operaciones y, en consecuencia, la rentabilidad, es el factor critico, que a los expertos en estrategia les cuesta controlar.

Una fusión o una adquisición son operaciones complicadas, con múltiples variables, no solo en el momento de las negociaciones, sino sobre todo en el momento de ponerlas a funcionar de acuerdo con el planteamiento previsto en la mesa del Consejo.

Ventajas del due dilligence operacional

El proceso de due diligence, genera información contable y financiera precisa y esencial pero es una herramienta limitada para poder predecir la compatibilidad y la sinergia operativa de dos organizaciones.

El due dilligence operacional es esencial para completar la información contable y financiera de la empresa candidata a la fusión o adquisición.

Si la operación que se plantea es una adquisición, el due dilligence operacional proporcionará información relevante sobre las operaciones, procesos, cultura y sistemas de gestión de la empresa que se va a adquirir, además de precisar el desempeño operacional, logístico, administrativo y comercial y su potencial de mejora, pudiendo éste cuantificarse en una cuenta de resultados proyectada.

Si la operación que se plantea es una fusión, además de toda esta información se podrá obtener la comparativa de ambas empresas en aspectos sinérgicos, lo que permitirá una elección más apropiada de cómo se va a operar en el futuro. Además se podrá obtener información detallada sobre valores y comportamientos de gestión en todos los niveles de ambas organizaciones, pudiéndose predecir y, eventualmente reconducir, conflictos culturales o de estilos de gestión, que suelen ser el comienzo de las pesadillas.

Al final del due dilligence operativo se elabora una hoja de ruta operacional para la fusión o adquisición, para asegurar el éxito de la operación, minimizar los conflictos y obstáculos y obtener la máxima rentabilidad posible desde el primer día.

Recomendación:

Realizar un due dilligence operacional es una exigencia primordial para controlar el enorme riesgo que conllevan estas operaciones. Minimizar el riesgo cuesta tan poco como tres o cuatro semanas de trabajo intensivo de un equipo de dos o tres expertos. Un coste ínfimo frente al altísimo riesgo de no efectuarla. Y con el beneficio adicional de una hoja de ruta que guiará a los directivos sobre como realizarla eficazmente.